Generalmente el sentimiento de infelicidad aparece cuando nuestra vida no es como deseamos que sea. En cierto modo es fruto de no estar cumpliendo nuestras expectativas.
Creemos que seremos felices cuando se den una serie de circunstancias que hemos preestablecido en nuestra mente. Y mientras no llegan esas condiciones no nos damos permiso para ser felices. Nos mantenemos esperando en un estado de infelicidad a que las condiciones sean perfectas.
Pero la vida nunca es perfecta. La vida por naturaleza presenta momentos y situaciones agradables y otros que no lo son. De manera que si condicionamos nuestra felicidad a que se den una serie de resultados corremos el riesgo de que la felicidad se nos escape entre las manos mientras pasa el tiempo y no logramos esos resultados.
La felicidad es una opción personal. Uno decide ser feliz a lo largo del camino independientemente de cuales sean los resultados. La felicidad llega cuando uno tiene una sana actitud ante la vida. Cuando se es capaz de poner las cosas en perspectiva. Cuando nos sentimos bendecidos por todo lo que sale bien, y tomamos los desafíos que la vida nos presenta con una sana actitud de superación y desarrollo personal.
La felicidad no es un destino. No es algo que llegará cuando “todas las piezas del puzzle encajen”. Por que con esa filosofía estarás desaprovechando la oportunidad de ser feliz en el único instante que importa, ¡ahora mismo! La felicidad no ha de ser cosa el futuro. Es cosa del presente. Tu puedes elegir ser feliz todos y cada uno de los instantes de tu vida. Pero solo tu puedes tomar esa decisión.
No restrinjas tu felicidad. Olvídate de expectativas utópicas para darte el permiso de ser feliz. Acéptate como eres y simplemente comprométete con un proceso de mejora constante. Disfruta del camino, y si además llegan esos importantes resultados, pues mucho mejor. Con esta filosofía comenzarás a comprender que la auténtica felicidad está en todas partes y en todos los momentos. En cada una de las pequeñas cosas de la vida. En el simple hecho de estar vivos. En la sonrisa de un niño. En las maravillas que la naturaleza nos ofrece. En nuestra capacidad de cambiar y mejorar. En la posibilidad de poner nuestro esfuerzo para hacer de este mundo un mejor lugar. En tantas y tantas cosas…
A fin de cuentas si le preguntásemos a cualquier persona cual es su último objetivo en la vida, todas responderían al final lo mismo: “Mi objetivo último es ser feliz”.
Así pues, ahí tienes la decisión más importante que vas a tener que tomar en tu vida. Decidir conscientemente que QUIERES ser feliz.
© 2012 José María Vicedo – http://www.clubsuperacion.com







¿Que ha de suceder para que seas feliz? Si necesitas que….(una serie de condiciones)… Nunca podrás ser feliz, nunca se darán a la vez tantas condiciones. Si pones el listón más bajo, por ejemplo: !Estoy vivo! ¡Soy feliz! Y lo demás se dará por añadidura, tienes la felicidad garantizada. ¿Recuerdas cuando dijiste esto, verdad José Ma.? Esta idea me ha sido muy útil desde que la escuché de ti por primera vez.
GRACIAS POR SEGUIR AYUDANDO. ¡FELIZ AÑO NUEVO!
Efectivamente, Josep. Si entendemos que nuestra felicidad como opción personal puede ser nuestro punto de partida, comenzaremos a ver la vida de un modo diferente. Cada logro, cada avance, cada éxito… será una nueva guinda al pastel que irá sumando.
¡Muchas gracias por el comentario! y !!FELIZ AÑO NUEVO DE TODO CORAZÓN!!
Me viene muy bien haber descubierto este blog en este momento. Muchas gracias!
Me alegra enormemente que los contenidos del blog te sean de utilidad Anne. ¡Y muchas gracias por el comentario!
Además de lo dicho (y con mucho acierto), yo añadiría que esa sana actitud es también cierta o bastante serenidad ante aquello que nos toca vivir.
La alegría y la tristeza, las fiestas y la rutina si se viven desde una actitud serena conecta, o por lo menos puede conectar, con dos aspectos de la felicidad: la serenidad y la contentación.
En la doctrina del Yoga clásico la contentación, santosha en sánscrito, es uno de los requisitos de la práctica genuina. Estar contento con lo que uno hace/tiene, lejos de ser algo simplón, requiere una madurez emocional.
Una entrada muy interesante. Gracias, José María.
Totalmente de acuerdo Victor. Aceptar con serenidad todo aquello que nos toca vivir es una prueba sustancial de madurez emocional y lo mismo sucede con la satisfacción ante lo que uno hace o tiene.
¡Muchas gracias por el comentario!