Para comunicarnos, tanto con los demás como con nosotros mismos, utilizamos cada día miles de frases. ¿Te has preguntado alguna vez que porcentaje de esas frases son positivas? ¿El 100%? ¿Un 70%? ¿El 50%? ¿Un 20%? ¿Un 3%?…
Y si cambiásemos la pregunta por: ¿Qué porcentaje de tu vida es positiva? Probablemente la respuesta sería muy similar a la que habías dado a la primera pregunta. La razón de ello se encuentra sencillamente en el hecho de que utilizamos el lenguaje para etiquetar nuestras experiencias. Realmente no sentimos lo que sucede, sino la interpretación -”etiquetado”- que nosotros damos a lo que nos sucede. Y ahí es donde el lenguaje se convierte en el protagonista principal de la función.
Muy pocas son las personas que dan la importancia que realmente merece al hecho de utilizar un vocabulario y unas frases de carácter netamente positivo. Aquellos que se mantienen constantemente utilizando un lenguaje negativo, terminan creando un terreno abonado para experimentar con frecuencia emociones negativas. Por el contrario, aquellos que impregnan sus mensajes en un torrente de vocabulario positivo, están creando el clima propicio para experimentar grandes resultados.
Es fácil imaginar la clase de resultados que puede producir el hecho de repetirse constantemente frases del tipo de: “Estoy absolutamente cansado y falto de energía”, “Jamás consigo resultados que merezcan la pena”, “Soy un desastre en mi organización”…
Por el contrario, el efecto de frases como “Soy una persona saludable y plena de energía”, “Me siento en control de mi vida”, “Tengo la capacidad para superar cualquier reto”,… es realmente extraordinario sobre la actitud de cualquier persona.
El simple hecho de eliminar ese patrón de lenguaje negativo y sustituirlo por otro positivo, es una de las herramientas más poderosas para mejorar de manera espectacular nuestra calidad de vida. Nunca olvides que cualquier experiencia no es más que la etiqueta que nosotros mismos asignamos a esa experiencia. Y ya que tu eres quien elige esa etiqueta, ¡Haz que sea positiva!
© 2011 José María Vicedo – http://www.clubsuperacion.com




Nunca me habia parado a prestar atención a si mi lenguaje es en su mayor parte positivo o negativo. Me parece un ejercicio muy interesante. Y me he dado cuenta de que en muchas ocasiones soy yo mismo el que sabotea mis proyectos utilizando un lenguaje desmotivador.
Paradójicamente, en muchas ocasiones somos precisamente nosotros mismo nuestros peores enemigos. Utilizando un lenguaje negativo podemos sabotear nuestro avance, o lo que es peor, paralizarnos sin llegar ni siquiera a tomar acción. Lo mejor de todo es que si tomamos conciencia de este hecho, producir un cambio positivo es realmente sencillo. Hemos de comenzar a cambiar nuestro patrón de lenguaje y notaremos una diferencia abismal en nuestra actitud ante la vida.
¡Muchas gracias por el comentario!