Una de las maneras más poderosas a través de las cuales podemos enriquecernos como seres humanos son las buenas conversaciones. Soy un firme creyente en la idea de que toda persona tiene miles de cosas interesantes que contarnos, y en muchas ocasiones que enseñarnos. Siempre es gratificante hablar con personas que comparten nuestros mismos intereses, proyectos o inquietudes. Pero puede ser igualmente gratificante la conversación con cualquier otra persona, aunque en principio pensemos que no nos aportará nada. Y la forma de hacerlo es realmente sencilla:
En primer lugar, mostrando siempre aprecio sincero por los demás. Nada logra crear una sensación de empatía de manera más rápida que trasmitir con nuestra mirada, nuestros gestos y nuestra actitud, que lo que tenga que decirnos esa persona nos importa. A todos nos gusta que se nos escuche con atención. Muestra ese aprecio sincero a tu interlocutor, y habrás dado el paso fundamental para convertirte en un gran conversador.
Y el segundo paso, es la “magia” de las preguntas. Cuando uno solo se limita a afirmar, lo único que hace es decir cosas que ya conoce. Sin embargo, cuando formulamos una pregunta, siempre existe la posibilidad de enriquecernos con la respuesta que la otra persona nos ofrece. Formular preguntas interesantes es la clave para disfrutar de conversaciones interesantes.
¿No sería extraordinario tomar cada oportunidad de conversación que tengamos como un reto que consista en hacer de esa conversación algo absolutamente interesante?
Utiliza estos dos simples pasos que hemos visto anteriormente, y no solo lo lograrás, sino que comenzarás a disfrutar de cada oportunidad que tengas para conversar.





Hoy desafortunadamente mucha gente ya casi no conversa. En mi empresa, incluso algunos compañeros de trabajo se comunican por email a pesar de estar tan solo a unos metros de distancia…Yo creo que nada puede sustituir a una buena conversación.
En muchas empresas en las que he impartido formación he sido testigo de ese mismo problema. Se está perdiendo en cierto modo el contacto humano ,las conversaciones,… Pero tengo la impresión de que volveremos a una manera más natural de comunicarnos. Como bien dices, el estar cara a cara con una persona, nos aporta una cantidad de información que nunca nos podrá aportar un simple email.
¡Muchas gracias por el comentario!
Dos ideas muy interesantes las que comentas para enriquecer las conversaciones. Que gran verdad que de todo el mundo podemos aprender algo…
Cuando tenemos esa mentalidad de que cualquier persona nos puede enriquecer, todas nuestras conversaciones se transforman. Y por supuesto todo el mundo tiene algo especial que trasmitir…
¡Muchas gracias por el comentario!
Si el mejor y más valioso conocimiento es el de la realidad en la que se encuentra la verdad de lo bueno, regular, o malo, el conocimiento de lo que de la realidad se falsea, ocuparía tarea prioritaria en el quehacer humano. Esto lo aplicamos estupendamente en el aspecto de la salud. Queremos saber rl por qué de cualquier dolencia que nos afecta. Sin embrago cuando se trata de la realidad personal, universalmente compartida en la Humanidad, parece ser, que esta realidad de lo que ser y considerarse persona, sujeto consciente libre y responsable, y considerar así a cualquier ser humano, dondequiera que viva, o cualesquiera sean sus circunstancias, se puede pasar por alto, o mejor hay que alejarse del asunto.
Y así tenemos que la promoción personal que en nuestro sistema de poderes impregna su cultura, está orientada no a la solidaridad efectiva con los que quedan por detrás, por carencias o expolios, sino hacia la complicidad de quienes se creen ser más porque tienen más cualidades, saberes o propiedad de medios. Es un intento falseado de avanzar en perfección, pues el YO de cada persona, no puede alcanzar su perfección sino en la perfección del NOSOTROS sin exclusiones voluntarias o inconscientes.
La HUMANIDAD no dejará nunca de ser una REALIDAD distinta de la SELVA.
Los seres humanos últimos o más pequeños, o así considerados son los interlocutores de quienes más podemos y debemos aprender escuchándolos, incluso desde sus forzados silencios, si queremos preciarnos de ser coherentes con nuestra condición humana.
No digamos, si entramos en la coherencia con nuestra valoración de Jesús, su testimonio y mensaje.