En la Abadía de Westminster existe una cripta en la que puede leerse una inscripción realizada hace algo más de 900 años sobre la tumba de un obispo. La transcribo a continuación porque su mensaje es tremendamente poderoso:
“Cuando yo era joven y libre, y mi imaginación no conocía límites, soñaba con cambiar el mundo. A medida que me fui haciendo mayor y más prudente, descubrí que el mundo no cambiaría, de modo que acorté un poco la visión y decidí cambiar solamente mi país.
Pero eso también parecía inamovible.
Al llegar a mi madurez, en un último y desesperado intento, decidí avenirme a cambiar solamente a mi familia, a los seres que tenía más próximos, pero ¡ay!, tampoco ellos quisieron saber nada del asunto.
Y ahora que me encuentro en mi lecho de muerte, de pronto me doy cuenta: “solo con que hubiera empezado por cambiar yo mismo”, con mi ejemplo habría cambiado a mi familia. Y entonces, movido por la inspiración y el estímulo que ellos me ofrecían, habría sido capaz de mejorar mi país y quien sabe si incluso no hubiera podido cambiar el mundo.”
Reflexiona un instante sobre estas palabras. Muchas veces pretendemos cambiar aquello que es ajeno a nuestro control en lugar de comenzar por la parte que depende exclusivamente de nosotros: nuestro cambio personal.
Como bien decía Mahatma Gandhi: “Tu has de ser el cambio que deseas ver en el mundo”.
Empieza cambiando tu primero, y verás como el mundo comienza a cambiar a tu alrededor. Conviértete en una persona más entusiasta, más amable, más apasionada, más detallista, más honesta,… y verás como tu mundo se transforma en consecuencia.
Seamos la fuente del cambio que queremos ver en el mundo.
© 2010 José María Vicedo – http://www.clubsuperacion.com




Un concepto muy importante en estos dias que tantos proyectos de mejora y de cambios nos proponemos.
Que los propósitos sean personales y comiencen en nuestro interior.
GRACIAS POR ESCRIBIR. Te repito mis mejores deseos para el año que ya ha comenzado.
Josep, si reflexionamos un poco, nos daremos cuenta de que lo único que realmente podemos controlar es a nosotros mismos. Por mucho que queramos, a los demás solo podemos influirles de algún modo, pero jamás controlarlos. Por ello una de las bases para fijarse objetivos es centrarse en objetivos que realmente nazcan de nuestro interior.
¡Feliz año nuevo y mis mejores deseos de felicidad para estos próximos 12 meses!
Que diferente sería este mundo si adoptásemos todos esta filosofia de mirarnos primero a nosotros mismos antes de criticar y cambiar a todo lo demás.
La cita me ha gustado muchísimo.
Manolo, que razón tienes. Si queremos que este mundo sea mejor, solo hay un camino; que cada uno de sus habitantes nos convirtamos en mejores personas. Solo así, sumando esfuerzos y voluntades pueden lograrse cambios realmente espectaculares. Pero todo comienza siempre de dentro hacia afuera.
¡Muchas gracias por el comentario!
Cierto que solo sobre nosotros mismos tenemos el principio de posibilidad de transformación, pero dadas nuestras normales deficiencias (venimos de la nada y estamos proyectados en proceso hacia la plenitud), tambén gran parte de nuestro cambio depende de los cambios que se realicen a nuestro alrededor. El yo solo va realizandose en un nosotros y es por ello por lo que hemos de integrar ese yo y ese nosotros deficientes para que mutuamente se potencien. Personas, ambientes y estructuras forman un horizonte interactivo para las vivencias. A Jesús le paso algo de esto con su familia, sus paisanos y el pueblo y su religión, a los que por nacimiento pertenecia.
Desde su perfección y testimonio humanos, buscó e intentó la complicidad de quienes, no siendo perfectos, podían ser capaces de sentirse incómodos en su situación, quererla cambiar y decidirse a ello en un proceso urdido de altibajos.